El sonido de la caja Blog sobre cuestiones relativas al mundo de la pintura y escultura.

Fallece Pepe Soto, referente de la pintura sevillana

ABC Sevilla
  • Publicado el 27 de Agosto de 2016
  • PorMarta Carrasco
  • Publicado en ABC Sevilla
La Caja China
Nacido en Sevilla en 1934, cursó estudios de Bellas Artes y viajó a París en el año 1958. Ha ejercido como profesor, crítico de arte, diseñador de montaje y asesor especializado, siendo una de las personalidades más reconocidas y determinantes de la escena artística andaluza. Los pintores tenían en Pepe Soto a una persona a la que acudir siempre para recabar su sabia opinión.

Ricardo Cadenas

Arqueología
  • Publicado el 19 de Diciembre
La Caja China

La exposición consta de doce obras entre pinturas, dibujos, y collages, realizadas durante el año 2014

En esta serie de trabajos, Arqueologia aparece como término cercano a una idea del artista como indagador, como rastreador de formas y significados. Se trata de recuperar restos de una peculiar iconografía, que permanecen ocultos o semiocultos en montañas de imágenes, en las viñetas antiguas, tras los cristales.....

Diecisiete voces de mujer

Diario de Sevilla
Miradas de mujeres, propone en Mecánica y La Caja China dos nuevas muestras en las que destacan la heterogeneidad y algunas gratas sorpresas
La Caja China
El programa Miradas de mujeres cumple una nueva etapa de interés con estas dos exposiciones cuyo principal valor es probablemente la heterogeneidad. Así se aprecia con sólo entrar en la galería Mecánica. Las cuidadas fotografías con que Noelia García Bandera ofrece una pensada aunque algo previsible vanitas contrastan con las pinturas de María José Gallardo cercanas a aforismos conceptistas: hay una Némesis muy del momento porque aquí es la diosa de los impulsos autodestructivos, un corpiño, Romanov, que al erotismo añade la violencia y un inquietante reloj: el espectador inconsciente pensará que está reflejado en un espejo; el caviloso, al ver la esfera invertida, pensará que el reloj en vez de hacer avanzar el tiempo, lo descuenta y esa es la razón por la que su esfera se convierte en diana. Junto a esta suerte de retablo, las fotocomposiciones de María Cañas: a destacar Pepa, no me des tormento, una apretada síntesis de las figuras que Freud atribuía al trabajo del sueño. En cuanto al trabajo de Natalia Latorre (Madrid, 1990), la autora más joven, cabe destacar la estricta y laboriosa ejecución de sus linograbados, con independencia de cuanto pueda haber en ellos de reflexión sobre el fetichismo. En distintos puntos de la sala, el espectador tropezará con las esculturas de Anna Jonsson que hablan de la condición femenina no precisamente con ironía sino más bien con un humor amargo pero inteligente: con él logra crear el distanciamiento suficiente para que nadie aparte la mirada con el pretexto de ser las imágenes demasiado dramáticas. En La Caja China, la muestra comienza con dos ideas diferentes de arte formal. A los ritmos geométricos de Mercedes de la Gala se oponen las cadencias de forma y color de las cartulinas cortadas de Paz Pérez Ramos. Ambas ideas de abstracción contrastan con la pintura gestual de Ruth Morán en la que el trazo y la materia muestran la fuerza de lo orgánico. En una clave distinta, los acrílicos, pequeños y silenciosos, de Paloma Benítez que, como un juego de sombras, evocan uno de los mitos que intentaba dar cuenta del origen de la pintura, sólo que en este caso, más que de una ausencia, los cuadros parecen hablar de un lugar habitado con el que el tiempo ha ido forjando vínculos tan sencillos como eficaces. Diferente es la propuesta de Gloria Martín: su trabajo apunta a la no-habitación, al vacío que la guerra o la violencia provocan en el museo. Hay numerosas y gratas sorpresas. El espectador conoce los dibujos de Julia Llerena, pero tal vez no los de Rinat Izhak, una israelí que completó estudios de bellas artes y arquitectura en Barcelona y acabó trabajando en Sevilla. El dibujo titulado Esperanza plantea con corrección técnica y rigor conceptual una idea que encontramos en Machado, el árbol caído que reverdece. Igualmente hay que mencionar los trabajos de tres jóvenes artistas, dos de ellas pintoras, Ana Barriga y Bea Sánchez, y Susana Ibáñez Macías, cuyos trabajos son más difíciles de clasificar. Ana Barriga (Cádiz, 1984) parece interesada en pintar aquello que no prestándose a la mirada y aun resistiéndose a ella, tiene pese a todo fuerza como imagen. Es un programa sugerente porque exige rastrear esa oscura capacidad que llamamos fantasía. Un programa también arriesgado porque las propuestas se debilitan en cuanto se hagan demasiado evidentes, cosa que no ocurre ciertamente en sus óleos. De Bea Sánchez (Jaén, 1986) cabe decir que es una buscadora de formas. Técnicamente hábil, sus trabajos parecen a veces una reflexión sobre la imagen popular y en otras tienen ecos de imágenes prerrafaélicas. Las dos piezas colgadas en la muestra trabajan sobre todo la relación entre la imagen y texto: invitan al espectador a explorar el territorio indefinido que abren el cuadro, como imagen, y su título, tomado como un breve poema. Finalmente Susana Ibáñez Macías (Sevilla, 1981), que se define a sí misma como "artista, no me queda otra", presenta una pieza (colgada en la trastienda de la galería) que a primera vista es una radiografía pero que el espectador hará bien en examinar con la linterna colocada al efecto para ver qué sorpresas guarda el interior de cualquier hijo de vecino. La muestra de La Caja China se completa con un breve y correcto paisaje de Lourdes García O'Neill y con dos pinturas de Concha Ibarra que parecen reunir diversos aspectos que han ido apareciendo en la obra de la autora a lo largo de los años: la indagación del espacio, basada en el color y en la geometría, confluye con la exaltación del plano pictórico (y algún recurso tomado en préstamo al cubismo) y con un leve sentido de lo ornamental.

Mejor espías que vigilantes

Diario de Sevilla
La obra de Gerardo Delgado hace pensar en lo que escribió Jasper Johns sobre lo que cabe esperar de la mirada de un buen espectador.
La Caja China
Una nota reiterada en el arte moderno es la renuncia a la unidad formal de la obra. A veces se presenta de modo narrativo, como en un cuadro de Degas, El vizconde Lepic y sus dos hijas, llamado también Plaza de la Concordia: las tres figuras están fragmentadas y aisladas entre sí, mientras a la izquierda un hombre queda longitudinalmente seccionado por el límite del lienzo. Pero la quiebra narrativa tiene raíces estructurales. La imagen moderna evita los espacios impuestos: rehúye la perspectiva geométrica y escapa de la gradación de luz y sombra del chiaroscuro, para construirse mediante breves pinceladas que modelan la figura con color o insistiendo en un cuerpo cuya rotundidad organiza el conjunto del espacio o relacionando entre sí y con el pintor diversos cuerpos. La idea de contemplación, que presidía el sereno espacio de la pintura tradicional, se debilita en favor de la mirada que no rehúye el hallazgo inesperado, se recrea en lo heterogéneo que puebla las calles de la ciudad y busca la vida individual oculta en el apresurado anonimato de las multitudes urbanas. Todo ocurre como si un valor cultural, el orden, cediera su protagonismo al ritmo. Esta alteración desborda a la figura y se transfiere a formas abstractas. Mondrian hace que su severo lenguaje (líneas perpendiculares, planos de colores básicos -rojo, amarillo, azul- y de la gama gris) coexista con la asimetría en cuadros cruzados siempre por la tensión entre formas, que tienden a salir de de los límites del lienzo, y el marco que las retiene en el rectángulo. Con ello, el ritmo desborda el cuadro mismo y contamina con su vigor la pared que lo rodea. Esta conexión entre la unidad del cuadro que se antoja precaria y los ritmos que surgen de esa misma precariedad es nota recurrente en la obra de Gerardo Delgado (Olivares, Sevilla, 1942). Se advierte ya esa preocupación en una instalación de 1975 (pudo verse hace algunos meses en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo): el espectador, al entrar en los exiguos espacios que dejan entre sí grandes telas industriales colgadas del techo, experimenta el turno de estabilidad y movimiento que él mismo crea al pasar. Algo después, en dípticos pintados sobre lienzo y madera, cada mitad parecía cuestionar a la otra y a veces, como en el titulado Doble con plano azul, el cuadrado incompleto que se anuncia a la izquierda y la suave oblicua que cruza los campos de color de la derecha llevan la inquietud a ambas piezas del díptico. Seguirá la serie llamada El lugar de la forma (1981-83) en la que una forma, definida en principio con exactitud, resulta de hecho cuestionada por el fondo que la rodea. Aún cabría citar El Caminante, una extensa serie fechada en los años 90, donde una figura, firme aunque muy envuelta por un denso trabajo de veladuras, en la parte superior del cuadro, contrasta con las sucesivas filas de elementos vagamente geométricos de la mitad inferior. Recientemente, Rutas, una de las series más logradas de Gerardo Delgado, fusionaba en cada pieza la exactitud geométrica de la red de cuadrículas con un quehacer pictórico pleno de sensualidad, pese a la severidad de los colores empleados. La serie que ahora presenta, cuyos primeros elementos expuso el pasado año en Madrid, vuelve a abrir ese espacio incierto en el que coexisten la firmeza (consistente, no serena) de ciertas formas con otras que parecen surgir, como intempestivo pero fecundo germen. No es casual que la haya titulado, con humor, Rataplán: las parejas de cuadros que forman la serie, como ocurre con el redoble del tambor, anuncian y prometen, pero a la vez desconciertan. En cada caso, el cuadro de mayor tamaño contiene ya cierta tensión: campos de color de perfiles ondulados amenazan la cuidada construcción de un enrejado formado por finos planos verticales. Esta tensión ciertamente potencia los grandes cuadros: parecen expandirse en los muros de la galería de modo que, como observará el espectador sensible, el recinto parece ensancharse, ganar amplitud, dilatarse e invitar además al silencio. Pero junto a cada uno de esos cuadros cuelgan sus respectivos compañeros: de dimensión mucho menor, parecen mensajeros de la inquietud. Un trazo de intenso color cruza el lienzo, a veces en una diagonal y de modo tan directo que se antoja una pincelada extemporánea. Inoportuna y a la vez fértil, cargada de posibilidades. La muestra hace pensar en el texto en que Jasper Johns oponía las miradas del vigilante y el espía. Aquél guarda el orden, lo conserva y se satisface en él, mientras el segundo trata de leer lo que no está a la vista y atiende a cuanto puede surgir o lo espera. Quizá Gerardo Delgado, su obra, sea una permanente invitación para que hagamos nuestra esta segunda mirada.

Comentarios en la web sobre nuestro espacio

Feature image
Situada en el barrio del Arenal, junto al Hospital de la Caridad, tras el Teatro de la Maestranza y cerca de las Atarazanas reales (Antiguo astillero de época de Alfonso X el Sabio, donde irá emplazado el Caixaforum de Sevilla no sabemos en que era de la humanidad). Esta curiosa sala, que parece mas alta que amplia en superficie, responde a un espacio uniforme y limpio. Rehabilitado, en lo que se suponía un antiguo almacén de suministros de esta que fue la zona portuaria de la ciudad. Posee un enorme arco apuntado en el centro, le otorga una especie de seña de identidad al local, aún así, plantea un leve condicionamiento a la hora de elaborar el discurso expositivo. Especializada o no, en la practica totalidad de las ocasiones en las que he visitado la caja china me he encontrado obras de pintura, en menos ocasiones, fotografía y dibujo. Con esto quiero decir que se especializan en formatos bidimensionales de expresión artística. Me gusta porque se ve muy rápido, en seguida puedes sacar conclusiones del total de la exposición o de una obra concreta, muy bien dispuesta para el espacio tan condicionante que tienen. Casi desde la puerta puedes decidir si te gustará o no. Si eres afortunado (en el sentido literal de la palabra) podrás optar a adquirir una pieza de las expuestas. Suelen tener cosas de muy buen gusto, no hay banalidades ni suelen exponer obras grandilocuentes, "kistch" o uno de esos intentos de modernear que terminan en estrepitosos fracasos estéticos, el auténtico "quiero y no puedo" que intenta emular a aquellos que manejan la vanguardia con soltura y conocimiento de causa.
2014 La Caja China. by APS